
«Es necesario que se ponga la teología al alcance de todos los hijos de Dios dándosela caldeada en el amor para que vivan en intimidad con la Familia Divina»
Publicaciones periódicas
EL CAMINO DE LA VIDA
Todos corremos a una misma velocidad, aunque no todos llegaremos a un mismo término, a pesar de que el término que Dios quiso para todos es el mismo; pero no lo pueden conseguir sino aquellos que, viviendo de lo sobrenatural mediante la vida de la gracia y bajo el ímpetu del Espíritu Santo, tienen alas, y alas de águilas reales, que les hacen capaces de franquear el insondable Abismo que existe entre la Vida y la muerte, entre la tierra y el Cielo.
MARÍA CRUZÓ EL ABISMO
La Virgen no tenía ninguna tendencia, ni apetencia, ni torcedura, ni inclinación que la atrajera hacia la tierra. María vivió como asunta durante todo su peregrinar, concluyendo su asunción en el abrazo del encuentro del Infinito.
EL MISTERIO DE CRISTO
«El Verbo Encarnado, durante su vida mortal, era el Cristo penante que vivía de Eternidad; y ahora es el Cristo glorioso y eterno que contiene también en su alma la tragedia de todos los tiempos. Y, por eso, en la plenitud de su Sacerdocio, es el Cristo Grande que encierra en sí el Cielo y la tierra, la Eternidad y el tiempo, la Divinidad y la humanidad; siéndose Él en sí mismo el Glorificado y el Glorificador, el Adorado y la Adoración, la Reparación y el Reparado».
VIVIR EN LA VERDAD
La infancia evangélica está en confiarlo todo en el Padre, sabiendo que su amor hará en nosotros todo eso que, a nuestra pequeñez, le es imposible conseguir.






