«Aquel siete de diciembre fue como el surgir repentino de una pujante primavera que repletó mi vida de luz y puso un colorido nuevo en todo cuanto me rodeaba (…)»
— Fundadora de La Obra de La Iglesia
La Madre Trinidad nació en Dos Hermanas (Sevilla) el 10 de febrero de 1929.
Sus diecisiete primeros años transcurrieron en el vivir sencillo y desapercibido de una joven buena, en una familia acomodada y cristiana. Pero Dios, en sus insondables designios, transformó con fuerza aquella vida sencilla de la joven Trinidad. Grandes donaciones de Dios irían marcando las etapas de su existencia para la misión que le quería dar en la Iglesia. El 7 de diciembre de 1946, víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, Dios irrumpe en la vida de aquella muchacha sencilla, abierta y alegre, la menor de cuatro hermanos. Ella se consagra inmediata, total y definitivamente a Dios. A partir de entonces, en sus prolongados ratos de oración ante el sagrario de la parroquia de Santa María Magdalena de su pueblo, vive una relación amorosa y cálida con el Señor, percibiendo sus soledades y viviendo para ser su descanso y recreo. Así lo describe ella misma:
«Aquel siete de diciembre fue como el surgir repentino de una pujante primavera que repletó mi vida de luz y puso un colorido nuevo en todo cuanto me rodeaba. El Amor Infinito se me puso delante, y como si me dijera: ¿Tienes necesidad de amar y de ser amada? ¡Yo soy el Amor Infinito! ¿Tu corazón está sediento de felicidad? ¡Yo soy la Felicidad, la Belleza, el Poderío, la Perfección eterna…! Y, desde aquel día, mi alma vive en la llenura de todas sus apetencias, infinitamente desbordada en sus ansias de ser y de poseer».
El día de la Inmaculada, en la parroquia de Santa María Magdalena, pronunciará su entrega a Dios ante la imagen de la Virgen: «Seré tuya y para siempre» marcando así sus primeros y definitivos pasos.
Largas horas, todo lo que le permite su trabajo en el negocio familiar de calzados, las pasará junto a Jesús en la Eucaristía, y detalles preciosos harán que Jesús se constituya en su único Maestro. Por razones familiares, en 1955 se traslada a Madrid. A la intimidad con Jesús se unirán allí algunas luces proféticas que la hacen entrever su futuro «al frente de una gran Obra».
En 1955, a los 26 años, se traslada a Madrid para atender a su hermano mayor Francisco. A partir del 18 de marzo de 1959, en la casa donde residía de la calle Cadarso, Dios inunda su alma de luz. La introduce en su mismo seno, mostrándole el misterio de su vida trinitaria y su actuación para con el hombre, haciéndola testigo de todo el dogma de la Iglesia. Y al mismo tiempo, impulsándola con una fuerza irresistible: «¡Vete y dilo…! ¡Esto es para todos…!», «¡Con todo a Juan XXIII…!», «El Concilio viene para esto». Su alma, desde entonces, queda marcada con una profunda vocación, con una gran misión dentro de la Iglesia. En el tema escrito por ella misma el 30 de abril de 1960, describe así lo que le pasó:
«Dios me introdujo […] el 18 de marzo de 1959, de una manera profundísima e inimaginable en la hondura insondable del Misterio de su vida […] para que contemplara aquel Santa Santorum de la adorable Trinidad, velado y oculto […] y allí fui introducida sin poder comprender cómo pude entrar; y mucho menos cómo después de haber salido, he podido seguir viviendo todavía durante tantos años […] ¡Sólo para ayudar a la Iglesia! ¡sólo para eso […] A la cual mi pobrecita alma temblorosa, tenía que manifestar […] como el Eco tan sólo, diminuto, asustado y tartamudeante, del Pueblo de Dios».
El Papa san Juan Pablo II, en el decreto de Aprobación Pontificia, quiso señalar aquel día, 18 de marzo de 1959, como el principio de La Obra de la Iglesia, a pesar de que la Madre Trinidad no pensaba entonces en una fundación. Pero la Obra que el Señor quería realizar por su medio en la Iglesia sí estaba comenzando, y lo hacía con una acción esplendorosa y especialísima en su alma, orientada a manifestar el misterio de la Iglesia, fortalecer la vida de fe y avivar en muchos corazones el amor a la Iglesia.
La Madre Trinidad recibió emocionada la bendición del Santo Padre san Juan Pablo II, que quiso visitarla estando enferma en su propia habitación (15 de diciembre de 1996).
En Pentecostés del año 1963, el Señor impulsa a la Madre Trinidad a fundar La Obra de la Iglesia. Abriendo para su Obra más de 40 casas en y en el extranjero. Con el fin de comunicar a todos cuanto Dios había venido grabando a fuego en su alma. A partir de 1993 fijó su residencia en Roma, El miércoles 28 de julio de 2021 falleció en Roma la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, fundadora y presidenta de La Obra de la Iglesia, institución de derecho pontificio.
«¡Vete y dilo! ¡Esto es para todos!»
En 1976 nos dio esta explicación sencilla de las consecuencias de haber sido introducida en el Seno de Dios. Solo así se explica que, sin apenas saber leer ni escribir y sin haber leído nunca un libro de teología católica, haya escrito y publicado diversos libros, además de contar con más de mil charlas registradas en audio y vídeo, junto a innumerables escritos inéditos. Todo ello constituye un valioso legado para profundizar en la vida de fe, la espiritualidad cristiana y el misterio de la Iglesia.
La Madre Trinidad recibió emocionada la bendición del Santo Padre san Juan Pablo II, que quiso visitarla estando enferma en su propia habitación (15 de diciembre de 1996).
El miércoles 28 de julio de 2021 falleció en Roma la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, fundadora y presidenta de La Obra de la Iglesia, institución de derecho pontificio.
Alma querida, ayúdame a ayudar a la Iglesia mostrándola tal cual es y Dios la quiso en su pensamiento divino. (Fragmento)
Duración: 4 minutos.
La Madre Trinidad: Una vida, una misión, una vocación que solamente Dios conoce hasta el fondo, y que ella describe con estas palabras:
«Yo nací para la Iglesia, sólo para eso. Dios me creó en su infinito designio para que fuera “El Eco de la Iglesia mía”, para que cantara su canción y manifestara sus riquezas.
Yo nací para ser Iglesia, para que fuera entre los hombres expresión viviente de su realidad profunda, de su canción infinita y de su tragedia desgarradora. […]».
(Del tema “Yo nací para la Iglesia”)