
Publicaciones periódicas
TODA LA VIDA DE CRISTO ES UN MISTERIO DE DESCONSUELO
«El alma incomprendida no puede ser consolada. Tu alma, oh Cristo mío, misterio y filigrana del divino Amor, por ser el alma del Verbo, tiene una capacidad incomprensible para nosotros de amor y de dolor, que en la tierra nunca se ha podido ni se podrá abarcar. Y como el alma es consolada en la medida que es comprendida, aquella parte del alma de Cristo que queda sin comprender se queda sin recibir consuelo; y, al exceder su capacidad casi infinitamente a la nuestra, esa parte misteriosa, profunda y trascendente, a la cual nunca podremos llegar, queda sin consolar, y por eso: “Busqué quien me consolara y no lo hallé”».
EL CAMINO DE LA VIDA
Todos corremos a una misma velocidad, aunque no todos llegaremos a un mismo término, a pesar de que el término que Dios quiso para todos es el mismo; pero no lo pueden conseguir sino aquellos que, viviendo de lo sobrenatural mediante la vida de la gracia y bajo el ímpetu del Espíritu Santo, tienen alas, y alas de águilas reales, que les hacen capaces de franquear el insondable Abismo que existe entre la Vida y la muerte, entre la tierra y el Cielo.
EL MISTERIO DE CRISTO
«El Verbo Encarnado, durante su vida mortal, era el Cristo penante que vivía de Eternidad; y ahora es el Cristo glorioso y eterno que contiene también en su alma la tragedia de todos los tiempos. Y, por eso, en la plenitud de su Sacerdocio, es el Cristo Grande que encierra en sí el Cielo y la tierra, la Eternidad y el tiempo, la Divinidad y la humanidad; siéndose Él en sí mismo el Glorificado y el Glorificador, el Adorado y la Adoración, la Reparación y el Reparado».
VIVIR EN LA VERDAD
La infancia evangélica está en confiarlo todo en el Padre, sabiendo que su amor hará en nosotros todo eso que, a nuestra pequeñez, le es imposible conseguir.






