Escritos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
Eventos y noticias de La Obra de la Iglesia

¿Quién es la Madre Trinidad?

La Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia ha sido la fundadora y presidente de La Obra de la Iglesia.

Consagrada a Dios desde su juventud, en largos ratos de oración callada, Dios la fue introduciendo en su vida íntima, haciéndole vivir en honda sabiduría y amor todos los misterios de nuestra fe. De este modo la fue constituyendo en testigo, con la especial misión de cantar la hermosura y la grandeza de la Iglesia, ayudándola a presentarse tal cual es ante la vista de todos.

Durante más de veintiocho años, la Madre Trinidad vivió en Roma, junto a la Sede de Pedro, en su misión de ayudar al Papa y los Obispos con todo lo que Dios ponía en su alma para la Iglesia, y con el ofrecimiento de su vida y su cruz. Falleció el 28 de julio de 2021 en Roma.

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«¡Vete y dilo…!¡Esto es para todos!»

¿Qué es La Obra de la Iglesia?

La Obra de la Iglesia es una institución de derecho pontificio fundada por la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia.

Está formada por tres Ramas de vida consagrada, sacerdotal, masculina seglar y femenina, que forman el cuerpo central de la Obra; así como por otros grupos que abarcan todos los estados y vocaciones en la Iglesia: personas casadas, solteras, consagradas a Dios privadamente, jóvenes y niños. Todos con la misma misión de vivir profundamente su ser de Iglesia en una vida sencilla, siempre al lado del Papa y los Obispos, para ayudarles con su vida y su palabra a hacer la obra que Cristo les encomendó.

A través de sus centros de apostolado y parroquias, buscan llevar a todos la luz que el Señor puso en el alma de la Madre Trinidad para ayudar a la Iglesia.

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Teología viva para todos

«Es necesario que se ponga la teología al alcance de todos los hijos de Dios dándosela caldeada en el amor para que vivan en intimidad con la Familia Divina»

Últimas publicaciones

705, 2022

MARÍA ES UN PORTENTO DE LA GRACIA

«Y así como el Espíritu Santo, al besarla en el arrullo de su amor, en la caricia de su brisa, en el abrazo de su poder y en la fecundidad de su beso, la hizo amor de su infinito amor, en participación de su caridad en donación de Esposo, así el Verbo, al llamarla: ¡Madre!, la hizo tan Palabra, ¡tanto!, que la Virgen, como expresión de la realidad que era y que vivía por el poder de la gracia que sobre Ella se había derramado, pudo llamar a Dios: ¡Hijo mío! Dándosele el Padre Eterno en tal plenitud de sabiduría y con tal vivencia de los misterios divinos, que, ahondada en lo profundo de Dios, intuía desbordantemente en lo que el Ser se es en sí».

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