
«Es necesario que se ponga la teología al alcance de todos los hijos de Dios dándosela caldeada en el amor para que vivan en intimidad con la Familia Divina»
Publicaciones periódicas
¡EN EL SAGRARIO ESTÁ EL SER…!
En mi sagrario lo tengo todo, porque el Todo Infinito es el misterio trascendente que oculta mi sagrario. Si el hombre supiera el secreto de la Eucaristía ¡¿cómo no vendría a refrigerar su sed y a saciar sus hambres, reverente y adorante, a los pies del sagrario ante el Dios del Sacramento…?!
¡BIENVENIDO SEA EL HOMBRE AL SENO DEL PADRE!
¡Qué sábado de triunfo tan glorioso!, en el cual el alma del Unigénito de Dios, que al mismo tiempo es el Hijo del Hombre, abre por el fruto de su Redención los Portones suntuosos de la Eternidad, cerrados desde el Paraíso terrenal por el pecado en rebelión de nuestros Primeros Padres; y se alzan las antiguas compuertas ante el paso impetuoso de irresistible poderío del alma del Unigénito de Dios inmolado, en triunfo de gloria.
Semana Santa
"¡Quiero que vivas esta Semana Santa no de recuerdo sino de realidad!; quiero que vivas no como el que está recordando que Jesús estuvo con nosotros, sino: tú tienes que coger esta Semana Santa -¡la Semana Santa de Cristo, la Semana de la pasión de Cristo, la Semana de muerte, de crucifixión...!-, ¡tú tienes que coger aquel tiempo y tú vivirlo en tu tiempo ahora, y tú ponerte al pie de la cruz, y tú vivir con Cristo, y tú morir con Cristo, y tú resucitar con Cristo, y padecer con Cristo, y ser destrozada e inmolada con Cristo, y estar con todo tu espíritu abierto para recibir su testamento de amor, para recibir su donación infinita, para recibir toda esa demostración del Amor infinito para contigo...!"
DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS DESAMPARADO…?
En un desbordamiento de desgarro y desolación de pavorosa y aterradora soledad por el rechazo del Padre contra el pecado que, cargando sobre sus hombros, siendo el Cristo, Él tenía que reparar en y por la plenitud de su Sacerdocio, como Reconciliador del hombre con Dios, «gritó con voz potente: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado…?”»






