Escrito de

la MADRE TRINIDAD DE LA SANTA MADRE IGLESIA,

del día 28 de abril de 2001, titulado:

LA VOLUNTAD DE DIOS

¡Oh excelsitud coeterna del Infinito y Subsistente Ser…! Por tu poderío excelso de majestad soberana, por serte en Ti, por Ti y para Ti la razón de tu coeterna Deidad, eres capaz, no sólo de gozarte en lo que Tú eres, sido y poseído en intercomunicación familiar de vida trinitaria, sino de gozarte también infinita y eternamente, por ser bueno, en hacer felices a otros seres que, creados a tu imagen y semejanza, vivan por participación la misma vida que Tú vives en gozo dichosísimo de disfrute eterno.

Por lo que Dios, que no necesita de nada ni de nadie para ser cuanto es, sido y poseído, disfrutado y saboreado en su acto inmutable de sabiduría amorosa, bajo las lumbreras consustanciales de sus infinitas pupilas; en manifestación amorosa de su voluntad y por el esplendor y para el esplendor de su gloria, en la magnificencia de su infinito poder, mira hacia fuera en voluntad creadora y hace que existan seres que por Él son; lo cual exige correspondencia, en retornación reverente y amorosa, de la criatura racional al Creador; siendo ella también voz en explicación y en retornación de respuesta de toda la creación inanimada.

¡Oh cómo quedó grabado en mi alma lo que el Señor, el día 1 de abril de 1959, me hizo vivir, penetrar y comprender, llena de sorpresa, en sabiduría amorosa de profunda y trascendente intuición, sobre lo que era el Ser de Dios, ¡majestuoso…!, ¡terrible y subsistente!, rompiendo como en cataratas y cataratas de ser, poniéndose en movimiento inmutable en voluntad creadora y queriendo realizar hacia fuera cosas infinitamen­te distintas y distantes de su realidad subsistente y divina, que le reflejen y manifiesten…!

Porque no es que Dios, cuando quiere una cosa hacia fuera, desee realizar algo al margen de lo que Él es. Sino que Dios se es todo cuanto puede ser infinitamente, pudiendo ser todo lo infinito en infinitud, sido, poseído y abarcado por su subsistencia infinitamente suficiente; y en Él no hay partes.

Ya que en Dios se identifican el ser y el obrar; y cuando quiere una cosa es todo Él en su intercomunicación de vida trinitaria el que lo desea; poniéndose en movimiento, sin moverse, todo su ser inmutable en voluntad creadora, para que se realice cuanto quiere según su infinito pensamiento.

Por lo que, el día 1 de abril de 1959, expresaba, en la ruindad y pobreza de la limitación de mi nada ser, nada poder y nada saber, como podía y llena de sorpresa, lo que Dios me hacía entender:

1-4-1959

«El Ser manifestándose en voluntad»

(Fragmentos)

«¡Oh lo que es Dios manifestándose en voluntad!

¡El Ser…! ¡El Ser…! ¡Oh, el Ser manifestándose en voluntad…! ¡Qué terrible…! […]

¡Oh qué espantoso…!, ¡qué terrible…!, ¡qué horripilante es el pecado de un hombre, creado por un movimiento de la vo­luntad amorosa de Dios, que es todo el ser de Éste movido en voluntad…! […]

¡Ni mil in­fiernos…! El infierno, con ser tan terrible, tan espantoso, tan tremendo, tan escalofriante, es la medida adecuada al pecado ¡y aún menos…! ¡No hay medida, por grande que sea, ni castigo, para un ser creado que se rebela contra su Creador…!

¡Y los Ángeles y los hombres: “no serviré” …! […]

¡A la voluntad terrible del Dios terrible!: ¡“no serviré” …!

¡Cuando todo el ser de Dios se ha puesto en movimiento deseando una cosa!: ¡“no serviré” …!

¡Cuando toda la Divinidad, manifestándose en voluntad, ha querido una cosa…!

¡Ay, qué terrible…! […] ¡Qué espantoso…! ¡Terrible y espantoso es oponerse en lo más mínimo a la voluntad de Dios…! […]

¡El ser de Dios es terrible…!, ¡terriblemente majestuoso…! Ni muchas catara­tas jun­tas, ni muchos terremotos juntos, ni muchas tormentas juntas… –¡yo no sé qué decir…! –, ni mucha paz junta…, ni mucha felicidad junta…, ni mucha bondad junta, ni… ¡Yo no sé…, no tengo palabra para expresar el ser de Dios que, manifestándose en voluntad, ha creado a los hombres para llevarlos a su seno, hacerles partícipes de la vida divina y dichosos por toda la Eternidad…! […]

¡La voluntad de Dios…! ¡La voluntad de Dios…! Yo no sabía lo que era la voluntad de Dios… ¡Ni nadie lo sabe en el mundo! ¡Por cualquier cosa se oponen al plan divino…!

[…] ¡No sé explicarme…! Yo no veo solamente el pecado; en el pecado mortal ni me paro, no puedo mirarlo, ¡me moriría…! El pecado venial casi no lo miro.

Yo miro el tener un movimiento voluntario, nada más, contra la voluntad de Dios.

Un movimiento de nuestra voluntad contra la voluntad de Dios merece el infierno… ¡¿Quién somos nosotros para movernos contra la voluntad de Dios?!, ¿quién somos nosotros…? ¡¡Que se arme un terremoto y tiemble la tierra, cuando alguien se oponga al Dios tres veces Santo!!

¡Oh lo que es el Ser de Dios manifestándose en voluntad!».

Ya que la creación inanimada, cuando en algún momento de su existencia parece que se sale de las leyes que le ha puesto su Creador, toda ella se conmueve: ¡la tierra tiembla…!, ¡surgen maremotos…!, ¡se abren abismos…! y se revuelve todo aquello que de alguna manera llena de espanto a los hombres, por haberse perturbado en algo, con más o menos intensidad, con más o menos consecuencias, las leyes de la creación.

«¡Fidelidad de los mares,
de los bosques y los ríos,
de la bóveda celeste
con su inmenso poderío…!

Todo se ordena a sus leyes
sin conmover su destino,
obedeciendo la orden
del que marcó sus caminos;

orden que implica silencio,
porque todo está cumplido
según el querer de Dios
en su infinito designio.

Mas, cuando algo se trueca
en contra de quien lo hizo,
se provoca un terremoto
abriéndose los abismos.

El silencio rompe en voces
de clamores encendidos,
porque ve que el universo
desconcierta su equilibrio:

Huracanes, maremotos
en protestas de alaridos…;
se descuajan las montañas
con terrible poderío…

¡Oh creación, lo que pasa
cuando se trueca el camino,
al salirse en un instante
del pensamiento divino…!

Hombre que sigues tu ruta
en tan grande desatino,
¿no oyes el lamentar
de tu cercano destino…?

¿No sientes el recrujir
de tu vivir siempre en vilo,
cercado por todas partes
de crueles enemigos…?

Pon en tu vida silencio,
impidiendo un cataclismo;
sigue siempre al Creador
hasta cumplir sus designios.

¡Escucha la voz de Dios;
Él sabe marcar tu sino!».
10-1-1974

¡¿Qué será lo que sucede cuando la criatura racional, creada por Dios bajo la voluntad del querer de su poderío eterno y que nos hizo a su imagen y semejanza y nos predestinó nada menos que a ser hijos suyos en su Unigénito Hijo Encarnado, partícipes de la vida divina y herederos de su gloria; rebelándose contra su Creador le dice: «No te serviré», en una respuesta de soberbia, ingratitud y menosprecio…?!

Ya que he comprendido de una manera sorprendente, sobrepasada, temblorosa y asustada ante la limitación de mi pequeñez y la nulidad y miseria de mi nada, que cuando Tú quieres una cosa, ¡oh mi Infinito y Eterno Poderío!, no es que la quieras aparte de Ti, como algo que piensas y quieres al modo que nosotros queremos y pensamos; no. Eres todo Tú en tu ser infinito y coeterno, sido y poseído en tu acto intercomunicativo de vida familiar y trinitaria, el que lo quieres, en la magnificencia del esplendor de tu gloria; la cual exige, por su misma perfección, respuesta, en la medida adecuada, de retornación de la criatura al Creador, de la nada al Infinito Ser.

Por lo que el alma que conoce a Dios, llena de reverencia, adoración y respeto, como en un cántico de reconocimiento y alabanza grita con los Ángeles del Cielo: ¡¿Quién como Dios…?!;

ante los Ángeles rebeldes que, en la locura de su insensatez, se rebelaron con Luzbel y como Luzbel contra el mismo Dios en su grito escalofriante y absurdo de: «no te serviré».

Por lo cual se abrió un Abismo insondable en el que fue precipitado Luzbel como un rayo, perdiéndose en la oscuridad tenebrosa de sus simas.

3-11-1976
BUSCANDO TU VOLUNTAD…

No sabe el entendimiento
hacer lo que Tú deseas,
y por eso, tropezando,
vamos marchando en la tierra,
buscando tu voluntad
y sin saber cómo hacerla.

¡Si captáramos tu modo,
que nos marca en línea recta,
de una manera sencilla,
eso que a Ti te recrea…!

Mas nuestras complicaciones,
siempre de obstáculos llenas,
no saben hallar tu ruta
en claridades repleta.

¡Queremos, y no sabemos…!
Nos es tan difícil verla
cuando buscamos cumplirla
no soltando lo que aferra,
cuando queremos hallarte
con nuestro modo y manera…

Es tan clara tu mirada,
tan amplia tu gran sapiencia
en horizontes eternos
de infinita transparencia,
que nuestra mente torcida,
envuelta en oscuras nieblas,
no acierta a ver tus caminos
de luz en divinas sendas,

grandes como el mar abierto,
límpidos en tu belleza,
transparentes como el agua,
sencillos cual tu excelencia.

Por eso, Jesús del alma,
cuando, llevada a tu alteza,
intuyo tu pensamiento
y capto tu ciencia eterna,

desaparecen los modos
de mi invalidez de tierra
y me embarga una paz dulce,
llena de tu omnipotencia,

de amor y gozo completo,
sabiendo, en tu lumbre excelsa,
que es sencillo aquel camino
que tu voluntad me muestra,
siendo yo quien lo complico
con mis maneras terrenas.

Y así queda oscurecido,
lleno de extrema pobreza,
de grandes contradicciones
y de aflicciones inmensas;
porque hay distancia infinita
entre aquello que Tú expresas,
siéndote Divinidad,
y mi modo al entenderla.

Señor de infinitos soles,
¡yo quiero tu pensamiento,
lejos de mi humana ciencia!

Del libro «Frutos de oración»

1.169. La muerte es la rendición del hombre ante Dios, que, con la destrucción de su ser, le dice: Tú solo eres de por Ti, y lo que no eres Tú, no es más que lo que Tú quieres que sea, en tiempo, realidad y ser. (8-5-70)

1.170. Un hombre muerto está diciendo a Dios con su destrucción, en demostración de su total impotencia: Tú solo eres. (8-5-70)

1.171. La soberbia del hombre termina con y en su destrucción el día de la muerte, sometiéndose al que Es, en manifestación de su nada ante el Todo, que para serlo todo, se es en sí y por sí mismo la resurrección y la vida. (8-5-70)

1.172. Gracias, Señor, por el descanso que me das, al saber que un día, con mi muerte, yo seré una demostración visible de que Tú solo eres, y de que yo no soy. (8-5-70)

1.173. El día que el hombre dijo a Dios que «no», murió; y con su muerte, en rendición total, clamó escalofriantemente: Tú solo eres, y todo lo que no eres Tú a Ti te está sometido. Yo hoy lo demuestro con mi destrucción y fracaso total, pues, si Tú no me resucitas, ya nada soy capaz de ser ni hacer. (8-5-70)

1.174. Señor, Tú que eres la resurrección y la vida, dáteme a mí para poder volver a ser en Ti, por Ti y para Ti. (8-5-70)

1.175. La muerte es la consecuencia del «no te serviré», y la rendición del hombre, diciendo con su destrucción: Tú solo eres de por Ti, y yo dependo total y exclusivamente de tu voluntad; lo reconozco, en Ti espero. (8-5-70)

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia