Separata del libro: «FRUTOS DE ORACIÓN. Retazos de un diario»

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia

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«DE SU PLENITUD TODOS HEMOS RECIBIDO»

928.    Por el misterio de la Encarnación, todos formamos un Pueblo sacerdotal, repleto y saturado de divinidad. (25-10-74)

929.    ¡Qué dichosa me encuentro de que la Iglesia tenga una plenitud tan grande de sacerdocio, en la diversidad de maneras y estilos de poseerlo! (25-10-74)

930.    ¡Qué grande es Dios en la perfección de su ser, en la intercomunicación de su vida, y en la manifestación esplendorosa de su poder, que hace de Dios, hombre; del hombre, Dios; de la criatura, Madre del Increado; del Increado, Hijo de la criatura; del hombre, perpetuador del misterio de Cristo por la participación de la plenitud de su sacerdocio; de Cristo, Cabeza de todos los miembros de su Cuerpo Místico; y de los hombres, parte de Cristo, pueblo sacerdotal, en la dimensión del misterio de la Iglesia! (25-10-74)

931.    Por la participación del sacerdocio de Cristo, todos somos capaces de poseer a Dios, siendo con Cristo, por Él y en Él, sacerdotes, según la diversidad de maneras que, en el seno de la Iglesia, Dios ha puesto para todos y cada uno de sus hijos. (25-10-74)

932.    El sacerdocio de cada uno tiene su modo peculiar en el derramamiento de la unción sagrada sobre el hombre, que, según la voluntad de Dios, se da de una u otra manera para la realización de su plan eterno. (25-10-74)

933.    ¡Los Pastores de la Santa Madre Iglesia son los poseedores de la plenitud del sacerdocio, continuadores de los Apóstoles y portadores de la plenitud de su pastoreo…! (25-10-74)

934.    Dios está en la Iglesia, dándoseme a través de los obispos, por medio de la Liturgia. (15-11-68)

935.    Los obispos son para mí en la Iglesia el gran sacramento, porque por ellos los sacramentos son prolongados y comunicados a los hombres. (15-11-68)

936.    Cuando Dios unge al sacerdote del Nuevo Testamento, lo unge para Sí, para que sea Cristo ante los demás, y para que, con la fuerza y el poder de esta gracia, recoja a todos los hombres y los lleve a Él. (22-11-68)

937.    ¡Qué grande es el sacerdote del Nuevo Testamento, que, por la imposición de las manos, desde el día de su ordenación, puede decir: «Esto es mi Cuerpo», «Esta es mi Sangre»; y actualizar nuevamente el misterio de la Encarnación, vida, muerte y resurrección de Cristo, frente a Dios y entre los hombres! (25-10-74)

938.    Por el bautismo, todos tenemos nuestro sacerdocio, misteriosamente recibido de la plenitud del sacerdocio de Cristo; y en la medida que nos vamos abriendo a la donación infinita, éste se va haciendo más fecundo, más pleno, más glorificador para Dios y de más vitalización para los hombres. (25-10-74)

«VIVENCIA SACERDOTAL»

939.    Así como el Verbo, para dársenos, rompió a hablar por su humanidad, Cristo necesita romper hablando por sus sacerdotes y por todos los miembros vivos de su Cuerpo Místico. (6-11-63)

940.    ¡Qué a gusto está Jesús cuando sus obispos oran! Todas sus complacencias son para ellos, ¡las Columnas de la Iglesia…! (23-6-74)

941.    ¡Qué amor de predilección el que tiene el Señor a tu alma de sacerdote…! Responde, hijo querido, como puedas, que el Amor te pide tu don de amor a su don. (29-9-63)

942.    Entra hondo en el secreto del Eterno, que, ardiendo en ansias infinitas de dársete y comunicarte su secreto, te ungió sacerdote. (1-10-63)

943.    El sacerdote es el que más se asemeja a María, pues recibe al Verbo infinito del seno del Padre para comunicarlo a las almas. (1-2-64)

944.    El vivir de María fue una adhesión completa a todos los movimientos del alma de Cristo en su vida, misión y tragedia, con el matiz de Virgen-Madre. Ésta ha de ser también la postura que configure toda la vida del sacerdote del Nuevo Testamento. (25-10-74)

945.    Ungido y predestinado por Dios para ser donador de lo sagrado, ¡si conocieras bien el misterio que a través de los sacramentos, por tu medio, Dios quiere dar a los hombres, temblarías en la repartición de estos bienes sobrenaturales! Pero, tal vez, por falta de conocimiento de Dios, al perder el contacto con Él, llegas inconscientemente a jugar con tu Hostia sin ver en ella al Verbo de la vida Encarnado. (17-12-76)

946.    Sacerdote de Cristo, ¿puede el Señor «llamarte “amigo”, porque te ha manifestado lo que oyó del Padre»…? En la medida que le escuches, le darás almas y apagarás su sed. (12-5-64)

947.    No puedes perder tiempo, ya que toda la humanidad te grita: ¡a ver qué haces para que vivamos la vida de Dios que por medio de su Iglesia, a través tuya, Él quiso comunicarnos! (4-9-61)

948.    Quiero sacerdotes para ti, mi Señor, sola mente para ti… Mi clamor es un grito desgarrador ante el Cristo Grande, tirado en tierra bajo el poder de las tinieblas. (26-3-75)

949.    ¡Clamemos pidiendo sacerdotes para gloria del Infinito Seerse! Sacerdotes que reciban y respondan, que «luchen y venzan a Dios mismo», porque ése es su saber ser sacerdote. (31-3-75)

950.    Danos, Señor, sacerdotes sencillos según tu corazón, pues la soberbia, la confusión, el respeto humano e incluso la mala voluntad de algunos, asfixian a los pequeños que, asustados, se esconden, esperando el momento de su liberación. (31-3-75)

«ENTRE EL VESTÍBULO Y EL ALTAR»

951.    Las almas que son Iglesia, tienen su sacerdocio porque esta Santa Madre es la que da a sus hijos el sacerdocio oficial el día de la ordenación, y el sacerdocio místico el día del bautismo. ¡Gracias, Madre, por tan gran regalo! (27-3-59)

952.    Por ser Iglesia, estoy ejerciendo mi sacerdocio, siendo recibida por el Amor Infinito… ¡Qué alegría que, en esta postura sacerdotal, yo reciba la Palabra infinita para dársela a las almas! (27-3-59)

953.    Dios me impulsa a recibirle en respuesta de retornación amorosa a su infinita santidad, siendo con Cristo Palabra que la exprese, para lanzarme a los hombres, recopilarlos según el querer de Dios, y tornárselos cual himno de respuesta para la gloria de su nombre. (15-10-74)

954.    Mi sacerdocio me pide vida, mi vida me pide Dios, Dios me pide amor y el amor me pide almas. (27-9-63)

955.    El sacerdocio místico que tú tienes que vivir, sólo tiene un fin, el del Hijo del Carpintero: recibir la vida divina y comunicarla; pero, para esto, has de olvidarte tanto, que puedas decir: «Vivo yo, mas no yo, sino que es Cristo quien vive en mí». (6-1-64)

956.    Dios me dará una Eternidad para gozarle en el gozo infinito de su eterna posesión, y me da un tiempo para victimarme con Cristo, viviendo mi postura sacerdotal. (15-10-74)

957.    Cuando estoy en postura sacerdotal «entre el vestíbulo y el altar», me siento omnipotente: yo soy la que mando en el cielo, en la tierra y en los abismos. ¡Oh lo que es vivir el sacerdocio de Cristo! (18-3-63)

958.    Luchemos con Dios y venceremos, porque el que ama es vencedor de amores y al Amor le gusta ser vencido por los que ama. (26-3-75)

959.    Si supieras orar, alma querida, sabrías de lo que eres capaz frente a Dios, por ser Iglesia. (6-12-73)

960.   El único deleite del alma sacerdotal debe estar no en deleitarse, sino en deleitar a Jesús; no en consolarse, sino en consolarle; no en sentirse amada, sino en ser toda amor de consuelo para Él, no buscándose en nada para buscar sólo dar gloria a Dios. (30-12-59)