
«Es necesario que se ponga la teología al alcance de todos los hijos de Dios dándosela caldeada en el amor para que vivan en intimidad con la Familia Divina»
Publicaciones periódicas
EN BIENAVENTURANZA SE HA CONVERTIDO MI CULPA PARA MI ALMA DOLORIDA ANTE JESÚS CRUCIFICADO
¡Bienaventurada yo, con la carga de mis pecados, por tal Redentor! Pero más le apetece al amor que te tengo, mi Jesús del Calvario y de la Eucaristía, que criatura alguna nunca se hubiera rebelado contra tu Santidad infinita, y que te ha forzado, para la manifestación de tu infinito poder y el esplendor de tu gloria, a realizar una cosa tan maravillosa para nosotros como dramática sobre Ti, para podernos redimir de nuestros pecados, reencajándonos en los planes eternos de Dios, que nos creó sólo y exclusivamente para que le poseyéramos, levantándonos a la dignidad inimaginable e insospechada de ser hijos suyos, herederos de su gloria, y partícipes de la vida divina.
MARÍA, MADRE DE DIOS
María es un portento del poder de Dios. La Virgen es intrínsecamente "Nuestra Señora de la Encarnación", pues para la Encarnación Dios la creó, haciendo de Ella un prodigio de la gracia en manifestación radiante del Omnipotente.
PORQUE CREO EN LA VIDA ETERNA, ME ABRASO EN MIS NOSTALGIAS POR EL ENCUENTRO DEFINITIVO CON EL AMADO
«¡Oh Eternidad infinitamente santa, en la cual el alma pequeñina y sedienta de justicia y verdad se saciará cara a cara con las divinas Pupilas, en la contemplación de tu divina Faz...! ¡Oh Eternidad, Eternidad...!, eres la apetencia saboreable de mi alma desterrada, la necesidad urgente de todo mi ser desencajado en este lugar de mentira, de incomprensión, de dolor y de prueba... Eres tú, ¡oh Eternidad querida!, la necesidad, en saciedad, de mi alma enamorada y cautivada por la hermosura de tu rostro...
EL AMOR PURO EN EL CIELO
De tal forma hace Dios al alma ser Él por transformación, que ella es también el gozo de todos los Bienaventurados. Y como cada uno de ellos participa así de Dios y goza así de Él, resulta que, siendo Dios todo en todos, sólo hay un grito en el Cielo: gozarse en Dios, en que Él se es tan feliz en sí mismo, y en que Él es tan feliz al hacer dichosos a todos los Bienaventurados.






