«Es necesario que se ponga la teología al alcance de todos los hijos de Dios dándosela caldeada en el amor para que vivan en intimidad con la Familia Divina»

Publicaciones periódicas

2203, 2026

DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS DESAMPARADO…?

En un desbordamiento de desgarro y desolación de pavorosa y aterradora soledad por el rechazo del Padre contra el pecado que, cargando sobre sus hombros, siendo el Cristo, Él tenía que reparar en y por la plenitud de su Sacerdocio, como Reconciliador del hombre con Dios, «gritó con voz potente:  “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado…?”»

1503, 2026

¿QUIÉN COMO DIOS!

¡Oh...! ¡Qué feliz es Dios, que, en sí mismo posee la plenitud infinita y eterna de alegría que es todo su ser...! Todo Dios es un piélago sin riberas y sin fin de felicidad. Y en sí mismo Él es eternamente saciado en esa inmensidad felicísima de su ser, que no le deja lugar para desear nada, por perfección de su misma infinitud, la cual sacia infinitamente a la eterna Trinidad en su Unidad simultánea.

Ir a Arriba