Escrito de

la MADRE TRINIDAD DE LA SANTA MADRE IGLESIA,

del día 25 de junio de 1982, titulado:

TE AMO, JESÚS

Tema extraído del opúsculo nº 10 de la Colección: “Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”.

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Te amo, Jesús, como en mis años primeros; sin la brillantez de aquella juventud, pero con la entrega incondicional de una vida cargada de misterios y sellada por la incomprensión y el menosprecio de los que no son Tú.

Te amo, Jesús, porque eres el centro de mi existir, el todo de mi vida y la respiración, aunque ya jadeante, de mi corazón.

Te amo, Jesús, porque Tú eres todo lo que apetezco y mi única razón de ser. Sin Ti, sin mis ratos de sagrario apoyada en tu pecho, sin la vibración de la médula de mi espíritu que me tiene centrada sólo y siempre en la búsqueda incansable de tu gloria, y sin la nostalgia de tu encuentro definitivo, ¡¿qué sería de mí…?!

Te apetezco porque te tengo, pero no del modo que te añoro. Yo necesito tu cercanía penetrante, tu mirada de explicación amorosa, tu sonrisa silenciada que me muestra los caminos tortuosos de mi marcha siempre al encuentro del cumplimiento de tu voluntad.

Suspiro por Ti, Jesús del alma, porque sólo cuando estoy en Ti, me encuentro en mi centro. Eres la alegría de mi corazón enamorado, la llenura del amor de mi pecho enaltecido, la apetencia de mi vida subyugada por la contemplación de tu rostro penetrado de infinitos resplandores.

Te amo, Jesús mío, porque eres el Esposo de mi alma de virgen-madre, saturada y traspasada de dolor en el país de la incomprensión, del pecado por la ausencia de Dios.

Te busco en todas partes y, si siempre te encuentro, es porque allí donde te reclamo, Tú me estás esperando con tu cruz en un Getsemaní que me habla de Eternidad…

Tú sabes, Jesús de mi sagrario, cómo y cuánto te necesito, y cómo y cuánto te tengo, y cómo y cuánto te echo de menos, y cómo y cuánto te llamo, y cómo y cuánto te pierdo, ¡y cómo y cuánto te reclamo y te tengo en las noches de mi terrible desolación…!

Tú sabes, porque eres la Infinita Sapiencia, lo más recóndito de la médula de mi ser, y penetrando los porqués de mi vida casi aniquilada por la incomprensión de mis silencios, me brindas, desde tu Silencio, la comprensión de tu amor en el misterio trascendente de la Eucaristía…

Te amo, Jesús, en un amor que es toda mi vida en amores de entrega, en renuncias cargadas de penares, en nostalgias selladas por el secreto, en urgencias que reclaman la extensión de tu Reino por la conquista de tus planes eternos cumplidos a través de los siglos por medio de cuantos te escogiste.

Mi existir, mi vivir, mi callar, mi luchar, mi esperar y aun mi morir, es sólo amor al Jesús de mi sagrario, al Esposo de mi corazón, al Dueño de mi juventud, de mi madurez y de mi ancianidad.

Él es el todo de mi vida, y mi vida es sóla y toda para Él… Por eso, cuando le pierdo, me pierdo y clamo como la cierva desgarrada y reseca por las aguas refrigerantes del cristalino arroyo…

Te amo, Jesús, como Tú sólo sabes y como yo, de alguna manera, también lo sé. Y porque te amo estoy dispuesta con tu fuerza a seguirte siempre, y aún a esperarte, si por un imposible así me lo pidieras, cuanto duren los siglos, en luz o en oscuridad, en triunfo o en aparente fracaso, en compañía de los que amo o en soledad de todos ellos.

Tú sólo eres mi todo, y en Ti y por Ti todas las cosas, para mí, tienen su fuerza, su sentido y su razón de ser. Buscar en Ti y en todos cuantos me encomendaste, el hacer tu voluntad y darte gloria, es la única exigencia de mi corazón enamorado y consagrado en entrega total e incondicional a tu amor infinito desde mi juventud, haciendo todo lo que Tú me pides.

Necesito tu luz, porque me reseco en la espera de tu encuentro…; pero te espero tranquila hasta que Tú quieras, porque el amor que te tengo está por encima de mis experiencias con relación a tu modo de actuar sobre mí.

Te amo como me ames y como te me quieras dar, porque no busco mi gloria ni mi gozo, sino el tuyo.

Comprendí, desde mis primeros años de consagrarme a Ti, que mi vida sólo tenía un sentido: darte descanso, hacerte sonreír; hacer dichosos a los demás con la llenura de tu vida, y terminar la carrera de mi peregrinar, agotada por una vida cargada de trabajos, tras la conquista de ser en todo y siempre sólo gloria para Ti.

Ya sé, Jesús de mis amores, de luchas y conquistas, de días claros y de noches prolongadas, de Tabor en resplandores de Gloria y de desoladores Getsemanís. Ya he gustado lo que es gozar de tu Vida y morir por ser Iglesia en destrucción constante por la conquista de tu Reino. Y ya sé, sobre todo, que mi modo de darte gloria, que es lo único que busco en mi existir, está en abrazarme en todo y siempre con la máxima alegría y fuerza que pueda, a aquello que tu voluntad me vaya marcando en mi modo de ser, de estar y de vivir. Por eso, desde lo más profundo de mi ser, en la médula de mi espíritu, no busco más que tu gloria como y donde me quieras tener, aunque me muera en la nostalgia irresistible de tu encuentro definitivo…

Sólo ansío y necesito para ser feliz, estar como Tú quieras y saber que estoy como Tú quieras tenerme.

Te amo, Jesús mío, y hoy me sale del alma decírtelo, porque necesito escucharlo y que Tú me lo escuches. Aunque Tú y yo ¡ya nos lo sabemos…!

Gracias, Jesús, porque te amo de esta manera, que es el triunfo glorioso del amor en la destrucción de una vida en respuesta amorosa de mi don a tu amor…

Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia