Roma, 26-28 julio 2025

Feliz iniciativa la de celebrar juntos el Año Santo Jubilar “Peregrinos de esperanza” con el IV aniversario de la marcha de la Madre Trinidad de entre nosotros el 28 julio de 2021.

Unos 200 peregrinos italianos y españoles de La Obra de la Iglesia nos hemos dado cita en Roma para vivir con espíritu universal este evento jubilar de la Iglesia católica junto con el emotivo recuerdo de la Madre Trinidad en su aniversario.

“Era Virgen, era Madre, era Reina, era Señora”

El sábado 26 nos hemos reunido en el obelisco de la plaza del Esquilino de Santa María la Mayor para, con espíritu contrito y humillado y en representación de todos los miembros de nuestra gran familia espiritual, atravesar la Puerta Santa para después celebrar la Santa Misa en el altar de la Salus Populi Romani.

Presididos por Mons. Andrea Bruno Mazzocato, Obispo adherido de La Obra de la Iglesia, hemos vivido un intenso momento de purificación para aquilatar más aún nuestro ser de Iglesia. “Era Virgen, era Madre, era Reina, era Señora”, expresión que la Madre nos ha transmitido desde aquel 25 de marzo de 1962 para que tengamos la confianza absoluta que la Virgen consolará siempre a la Santa Madre Iglesia en su aflicción y a su pequeñita Obra de la Iglesia en su camino. Las Letanías de los Santos, los Salmos, las canciones y el fervor nos han llevado al corazón de la basílica, la casa de la Virgen, la Belén de Roma.

“Vete y dilo, esto es para todos “y “La Obra de la Iglesia siempre junto al Papa”

Al día siguiente, domingo 27 de nuevo cita en la Plaza Pía para recorrer la vía de la Conciliazione que nos ha llevado a contemplar a la Nueva Jerusalén llena de hermosura que nos sale al encuentro, acogedora y maternal, impresionante y universal, en la Basílica Vaticana. De nuevo nos prepara la Madre Trinidad con sus palabras: “Vete y dilo, esto es para todos”, con misión universal, garantizada porque “La Obra de la Iglesia siempre junto al Papa” llenará su misión de presentar la belleza de la Iglesia.

¡Qué amplitud de miras! ¡Qué grandiosidad de horizontes! ¡Qué impacto inolvidable!

Ha sido un encuentro vivo con la Santa Madre Iglesia. Según nos íbamos acercando a la Plaza de S. Pedro, también proyectada para la celebración del magno día del Corpus Christi con el Papa que recorría la columnata con la Eucaristía y el pueblo de Dios que seguía la procesión sin moverse de su sitio adorando al Altísimo, aumentaba la palpitación del alma.  “Venid subamos al templo santo de Dios” dice la inscripción llamando a los peregrinos a entrar dentro de la basílica, es decir, dentro del Misterio de la Iglesia hecho arquitectura sagrada.

Saludo al Señor en el Sagrario, que coincide con la señal en el suelo de la basílica con la medida exacta de la catedral de Sevilla: será por algo: “¡Late fuerte, corazón!”.

Profesión de fe ante el altar de la Confesión, unidos a Pedro el pescador de Galilea y a Pedro vivo en el Papa León XIV, pronunciamos el Nombre de la Santísima Trinidad, proclamando la Fe de la Iglesia: el Credo. Y la Madre Iglesia purifica nuestras almas con la indulgencia plenaria. Resuenan nuevamente las palabras de la Madre Trinidad pronunciadas por ella en su última visita: “¡Qué basílica que tenemos!”. O también viendo la cantidad de turistas-peregrinos dentro del templo despistados: “Pobrecitos, no saben donde están. Nadie se lo ha dicho todavía”. No conocen la hermosura de la Iglesia y por eso están perdidos allí dentro.

Ante la imposibilidad material de realizar “Mi pequeña peregrinación” de la Madre nos hemos detenido adorando largamente a Jesús en la Capilla del Santísimo. Hemos estado ante S. Juan XXIII recordando el “Con todo al Papa, con todo a Juan XXIII…” del 1959. Parada obligatoria para rendir homenaje a S. Juan Pablo II que recibió el mensaje de la Madre con corazón abierto y agradecido. Conclusión ante el mosaico de la Navicella del atrio ante el cual Santa Catalina de Siena rezaba y lloraba por la situación de la Santa Iglesia de Dios de su tiempo: ¡Cómo no recordar las lágrimas de la Iglesia que la Madre Trinidad recogía y guardaba en el estuche de su alma como el tesoro más preciado!

Y a las 12 ¡¡¡Angelus con el Papa León!!! Peregrinos venidos de todas las partes del mundo aclamando con un solo corazón al Pedro de nuestro tiempo que nos hace ser universales.

“Aunque te haya visto triste”

Por la tarde fuimos a S. Pablo Extramuros para recoger el ardor apostólico del gran Apóstol. “Aunque te haya visto triste” dice poéticamente la Madre Trinidad a la Santa Iglesia para impulsarnos a cantar con ella la Canción de la Iglesia por todo el mundo. De nuevo Puerta Santa, Letanías de los Santos, Salmos y canciones, arrepentimiento y propósitos; celo por la Gloria de Dios. Nos lo ha recordado Mons. Mazzocato en la S. Misa solemne celebrada en el ábside de la basílica. También aquí, hemos recordado los tiempos del Concilio Vaticano II, proyecto de Dios entrelazado con la vida y la misión de la Madre Trinidad. Basílica donde el 2021 dijimos el adiós terreno a la Madre esperando vernos en la Eternidad.

“Pero cuánto y cómo nos queremos con la Madre”

Y finalmente el 28 de julio, IV aniversario de la marcha de la Madre de entre nosotros. Hemos visitado la Casa de S. Pedro Apóstol, cargada de recuerdos y enseñanzas con la “presencia” de la Madre. S. Misa concelebrada por tres Obispos adheridos, numerosos sacerdotes y un lleno hasta la bandera del templo parroquial de Nuestra Señora de Valme. Una celebración sencilla ¡Qué solemne todo y qué entrañable!

Parece que flotaba en el aire el amor y la unión entre todos diciendo en nuestro interior sin pronunciarlo: “Pero cuánto y cómo nos hemos querido con la Madre” en el pasado y en estos días. Es sólo el comienzo de un “cuánto y cómo nos queremos en La Obra de la Iglesia” cuando vivimos nuestro ser de Iglesia con nuestros Obispos queridos como pueblo de Dios sencillo y pequeño que hace sonreír a la Madre en la Eternidad.

Alfredo Fernández Martín