Un grupo de jóvenes de La Obra de la Iglesia hemos tenido la gracia, este verano, de visitar la misión que la institución está llevando a cabo en Malabo (Guinea Ecuatorial), con el fin de conocer de cerca la realidad de esta reciente fundación.

Como jóvenes, nos hemos dedicado principalmente a los niños y demás chicos que participaban activamente en los encuentros parroquiales. La principal actividad del verano fue el campamento, donde ejercimos de monitores preparando las actividades y acompañando al grupo.
Durante estos días, los mismos niños hablaban de Dios entre ellos y le alababan con cantos. Nos impresionó la sed de Dios que manifestaban incluso los más pequeños: todos querían escuchar hablar de Jesús, de María y de la Iglesia, y corrían a preguntarnos para llenarse del Señor.
Además, después se les veía en la parroquia llevando una auténtica vida de oración, con largos ratos sin distraerse ni cansarse, amando a Jesús y recibiendo su gracia.
Asimismo, se organizaron excursiones para pasar el día rodeados de la creación, juegos en la parroquia y actividades espirituales como el santo rosario, la adoración, las charlas y la Santa Misa, donde nos encontrábamos con el Señor y le recibíamos juntos.
Durante esos días también visitamos a los ancianos de una residencia, a los niños de un orfanato y a varias familias del barrio.

Todas estas personas nos enseñaron el valor de la humildad, la alegría, la austeridad y el agradecimiento, pues siempre sonreían con sencillez y nos ofrecían lo poco que tenían.
Al final, nosotros, que íbamos a dar, volvíamos más llenos de lo que fuimos en un principio, ya que Dios aprovechaba esos encuentros para colmarnos del amor que ellos nos transmitían.

Por último, tuvimos la gracia de visitar a Mons. Juan Nsue. Nos recordó la gran necesidad que hay de ir a ayudar a la Iglesia y a la fundación allí en Malabo, pidiéndonos que, poco a poco, vayan acudiendo más personas para consolidar esta misión. También nos compartió su unión y aprecio hacia la Madre Trinidad, y nos pidió ayuda a través de nuestra oración e invitó a ir a la misión a quienes tuvieran la posibilidad.
Realmente, estos días han sido un tiempo de gracia y un regalo del Señor.
En Malabo las personas sonríen, miran y se expresan de forma diferente, porque viven con un espíritu de profunda alegría y agradecimiento a Dios por lo que tienen y reciben. Han sido y son un ejemplo maravilloso de cómo no hacen falta tantas cosas de las que ofrece el mundo para vivir: solo con Dios, y de la mano de la Santísima Virgen, se es realmente feliz.
Los jóvenes de La Obra de la Iglesia